Sep 12, 2017

Signos vitales de una campaña

Pueden ser las eliminatorias del infarto. Perú ha sido el permanente eliminado hasta hace 2 fechas. 9 puntos consecutivos ubican a la selección en zona de clasificación directa. Después de 35 años un mundial está cerca. Las claves del proceso irregular que se transformó en sorprendentemente regular.

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Signos vitales de una campaña

El 8 de octubre de 2015, en Barranquilla, Perú perdió 2-0 frente a Colombia en el inicio de las eliminatorias. Próximos a cumplir dos años, el largo proceso clasificatorio para Rusia 2018 ha representado para nuestra selección una campaña que coqueteó con el infarto.

La irregularidad marcó este proceso con una cadena de derrotas y empates en casa que pusieron a la selección, muchas veces, en el límite de las opciones de clasificación. Más han sido los titulares que apelaban al eterno “matemáticamente aún podemos” y pocos las portadas festivas.

En los primeros siete partidos (3 de ellos de local), Perú solo pudo obtener 4 puntos de 21 en disputa. Tiempos aquellos en que la prensa deportiva tenía al técnico argentino, Ricardo Gareca, como el centro de las críticas.

“Aún podemos clasificar”, repetía el entrenador con un convencimiento que las cifras no respaldaban. Cada conferencia de prensa resultaba una sucesión de cuestionamientos y opiniones para los periodistas antes de preguntas referidas al rendimiento del equipo.

 

El anuncio

Hasta el 11 de octubre de 2016, Perú era la selección que ocupaba el octavo puesto con 8 puntos (dos partidos ganados, dos empatados y seis derrotas). Demasiado números en rojo para pensar en una clasificación. El rendimiento tampoco acompañaba. La derrota ante Chile 2-1 en Santiago estaba por cerrar un año que aparentaba ser el fin de las esperanzas mundialistas.

El 1 de noviembre la FIFA anunció la sanción a Bolivia con la pérdida de puntos obtenidos ante Perú y Chile. El reclamo, presentado por los chilenos, se fundamentó en la mala inscripción del futbolista Nelson Cabrera de origen paraguayo.

Perú, que había perdido 2-0 pasó a obtener 3 puntos y un resultado favorable de 3-0. De 8 puntos brincó a 11, pero venía un partido complicado en Asunción el 10 de noviembre. Un escenario de antecedentes negativos para la selección. Jamás una victoria oficial en eliminatorias. El triunfo 4-1, una goleada insospechada, otorgó el primer oxígeno de convencimiento que necesitaba el plantel de Gareca.

Cuatro días después, en casa, otra vez la bendita irregularidad. Una derrota 2-0 ante Brasil. Pero los 3 puntos obtenidos, en mesa, ante Bolivia, le dieron por primera vez 6 puntos a Perú en una fecha doble.

“No estamos eliminados”, volvió a declarar Gareca. La tabla de posiciones decía lo contrario. Ni con 3 puntos caídos del cielo, se podía dejar el octavo puesto. Los números eran muy precarios: 4 partidos ganados, 2 empatados y 6 derrotas. En cuanto a goles el tema era similar: 18 a favor y 20 en contra. En rendimiento el equipo mostraba amagos de propuestas futbolísticas, pasajes que no podía convertirlos en constantes minutos. Pero una campaña es imposible sostenerla con chispazos de buen fútbol. Y así estaba sucediendo: jugamos bien, pero…

 

El quiebre

El 23 de marzo pasado, en Maturín, Perú logró un empate 2-2 frente a Venezuela. Resultado idéntico al obtenido en Lima el año anterior. Fue el momento que la prensa deportiva lapidó a Gareca. Se acabaron las eliminatorias, comentaron muchos. Y una vez más el técnico sostuvo: aún tenemos posibilidades de clasificar.

La tabla volvía a darle la contra: 15 puntos en 13 partidos jugados; puesto número 8; 4 victorias, 3 empates y 6 derrotas. En goles también en negativo: 20 a favor y 22 en contra.

En ese momento el equipo que presentó el técnico aparentaba ser la mejor formación que disponía Perú: Pedro Gallese; Aldo Corzo, Christian Ramos, Alberto Rodríguez, Miguel Trauco; Renato Tapia, Yoshimar Yotún, Óscar Vílchez, Christian Cueva, Paolo Hurtado; Paolo Guerrero.

Con el plantel más próximo al ideal apenas se pudo empatar con Venezuela. Lo que venía entonces resultaba más que complicado. Pensar en Rusia 2018 era ironía pura. No había forma, escribían los eternos comentaristas deportivos.

El gran partido de Perú en Lima, el mejor de todos hasta el momento, se produjo el 28 de marzo pasado ante Uruguay. El resultado que transformó las eliminatorias para Perú y se convirtió en el cimiento desde donde se han construido los últimos grandes resultados.

Uruguay, con Luis Suárez y Edinson Cavani en la delantera, transmitía temor a la prensa e hinchas. El 1-0 con que impuso su jerarquía en Lima, antes de los primeros 30 minutos de juego, congeló pantallas de televisores y gargantas. Otra derrota de local significa ahora sí el fin de ilusiones y calculadoras. ¿Seguiría Gareca hablando de que aún tenemos posibilidades?

Esa noche Paolo Guerrero y Edison Flores dieron la victoria a Perú. La selección volteaba el resultado. Con fibra y técnica. Personalidad y un rendimiento colectivo sostenido.

La localía la defendió Perú con argumentos sólidos: buen fútbol, goles y temperamento. Se mostró la otra cara de una selección habituada, con frecuencia, a resignar partidos por falta de mentalidad. Es que tenemos psicólogo deportivo, se animó a comentar un peregrino periodista deportivo, pasó desapercibido el tema. Fue un asunto menor, no dimensionado en su real contexto (ver nota aparte).

 

El sueño

Los dos siguientes resultados han sido la ratificación de una curva ascendente para Perú. Por primera vez, después de 20 años, se produjeron una sucesión de victorias que han permitido dejar la zona de eterno aspirante, a pelear por no ser el último, para mirar más allá del repechaje.

La victoria 2-1, en Lima, frente a Bolivia, y el gran golpe en Quito (2-1 ante Ecuador), donde jamás Perú logró un triunfo por eliminatorias, han encadenado tres victorias consecutivas. Vitales en el cierre del proceso clasificatorio. Como el remate de un maratonista. Nueve puntos consecutivos. Decisivos en estos momentos.

Han sido dos años de partidos con resultados diversos. El pico de rendimiento encuentra a Perú en el momento de mejor producción, ante una curva descendente de rivales directos.

Faltan dos partidos decisivos. No hay más matemáticas. Perú solo depende de sí mismo para volver a un mundial luego de 35 años. Está cuarto, en zona de clasificación directa. No necesita mirar atrás. No debe observar otros resultados. En la doble fecha de setiembre, que acaba de finalizar, fue la única selección que obtuvo 6 puntos. Se dieron, además, la combinación de otros resultados. Se acomodó todo para un equipo que estuvo casi toda la eliminatoria con el cartel de eliminado.

“Aún tenemos posibilidades”, siempre lo dijo Gareca. Ahora ha optado por un mesurado entusiasmo: “podemos clasificar”. Los dos partidos finales deben sacudirse de la irregular campaña que marcó este proceso. Aunque será seguro que cada cotejo que falta (Argentina en Buenos Aires y Colombia en Lima) se jugará como estos dos años han sido: con el corazón en la mano. En el límite del infarto. Ya llegará el momento de parar de sufrir.

Escribe: Eduardo Martel

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