Sep 12, 2017

Las últimas danzas de Maritza

Maritza Garrido Lecca, la guardiana de Abimael Guzmán, salió de prisión después de 25 años. ¿Un cuarto de siglo tras las rejas le habrá dejado alguna lección? ¿Seguirá con sus andanzas? Las actividades que cumplía mientras estuvo encarcelada ofrecen algunas pistas.

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Las últimas danzas de Maritza

La complaciente y amplísima publicación de un semanario sobre Maritza Garrido Lecca y su pronta liberación, generó un arduo debate en las redes sociales y en las redacciones de algunos diarios. Muchos criticaron y otros defendieron el derecho de la bailarina a rehacer su vida luego de purgar su larga condena.


Sin embargo, quienes la defienden, ignoran las actividades que ella cumplía mientras estaba en prisión. Lo que la opinión pública conoce es que presentó algunas obras de danza aparentemente inocuas y que, en el 2007, escribió un libro, Libertad de danzar, publicado por Mano Alzada Editores, que, por coincidencia, es la misma que edita los libros de Abimael Guzmán.


Lo desconocido para los defensores es que Garrido Lecca parece no haber cambiado un ápice y, por el contrario, sigue abrazando con mayor énfasis el llamado ‘Pensamiento Gonzalo’. Algunos documentos de inteligencia señalan que ella nunca dejó de pertenecer a Sendero Luminoso ni se arrepintió por los crímenes de ese grupo.


La bailarina purgó condena en cuatro penales del país. Yanamayo de Puno, Sabancaya de Arequipa, Chorrillos y Piedras Gordas de Lima. El año 2002 fue anulada la cadena perpetua que un ‘tribunal sin rostro’ le había aplicado en 1993 y, en reemplazo, le aplicaron una sentencia por 25 años.

A lo largo de su confinamiento, dictó talleres de danza a las internas de Sendero y a las del MRTA, pero, al mismo tiempo, cumplió actividades partidarias, tales como impulsar el resurgimiento del movimiento femenino popular. No es difícil adivinar cuál es la naturaleza de este grupo.

 

Actividad senderista

La nota de inteligencia n° 00132 del año 2003 señala, por ejemplo, que ella, y las demás senderistas del penal de Chorrillos, mantenían “constante comunicación” con los internos por terrorismo de otros establecimientos del país como Castro Castro, Yanamayo y Sabancaya, utilizando las llamadas “correas de transmisión”, es decir, familiares, parejas, amigos y abogados que llevaban la correspondencia.


Lo más delicado del caso Garrido Lecca ocurrió el 24 de junio de 2010 en el penal de máxima seguridad de mujeres de Chorrillos. Ese día, personal de la Dircote realizó una requisa en las celdas de los senderistas y tuvo varias sorpresas. Se encontraron documentos variados, celulares, chips, USB y discos compactos a 31 internas sentenciadas por terrorismo.

 

Escribe José Arrieta

 
< Texto completo en la edición impresa >

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