Sep 06, 2017

Macera, un historiador peculiar

Retirado de la vida pública. Prefiere la compañía de sus pensamientos y de sus escritos que volver por los caminos espinosos de la política. Así vive este personaje que el Perú ha olvidado.

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Macera, un historiador peculiar

Siempre fue una especie de oráculo para conocer las calamidades que podrían suceder al Perú, debido a las malas políticas públicas de los gobiernos de turno. Una fuente de consulta habitual y permanente, debido a su amplísimo conocimiento de nuestra historia y de su capacidad de análisis que todos le reconocían, hasta que se atrevió a ingresar a la política, con el color naranja, por invitación de su amiga Martha Hildebrandt. Entonces le cayó encima un huaico de imprevisibles consecuencias.

Los intelectuales, chicos y grandes, y amateurs de analistas se cebaron con sus adjetivos para declararlo poco menos que traidor a la patria. Nunca vi tanto odio vestido de reproche seudointelectual contra el historiador Pablo Macera, que desde entonces decidió recogerse en sí mismo, evitar relaciones sociales de todo tipo y refugiarse en su centro de investigación andina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, a la que dedicó casi toda su vida como profesor e investigador.

Lo recuerdo siempre calmo, de hablar pausado, como atrapando las ideas, austero en el decir, profundo en sus juicios de valor, ausente a los oropeles que a otros, menos rigurosos que él, solían embobarlos por entero. Lástima nomás que prefirió el refugio, privándonos de sus análisis siempre certeros sobre el devenir de nuestra historia.

No recuerdo si lo escribió o lo dijo respondiendo a una entrevista, pero fue Pablo Macera quien, solitario, anunció, a tan solo dos años de iniciadas las acciones de Sendero Luminoso en el país, que, al final, la lucha se resumiría en la confrontación entre este grupo terrorista y la Fuerza Armada. Y así fue a lo largo de esa década sangrienta. Macera analizó las debilidades y fortalezas del movimiento sedicioso, de los partidos políticos existentes, del Estado peruano y de la sociedad en su conjunto y concluyó que sería una confrontación militar entre terroristas y soldados. Nadie dijo una palabra más. Nadie refutó la hipótesis. Se corrieron del debate. La historia le daría la razón después.

Muy pocos como él para conocer a los clásicos del marxismo, a quienes profundizó en sus estudios. Dicen de él, quienes lo conocen bien, que en Francia estuvo bajo el influjo de Pierre Vilar, Pierre Philippe Rey y Femand Braudel. “Esto último le permitió iniciar una amplia discusión de los temas en los que se había involucrado la historiografía francesa acerca de las sociedades no capitalistas de África, Asia y la Europa premoderna. Los términos de esa discusión los trasladó a la sociedad andina, donde la preocupación política por definir el carácter de la sociedad peruana era un tema obligado en las discusiones entre las izquierdas del país desde la década de 1920”, aseguran. Sería por eso mismo que Macera se hizo mariateguista. Digo así para no estar repitiendo José Carlos Mariátegui en mis citas.

Pablo Macera nació en Huacho en 1929. Estudió Historia en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus estudios de posgrado los realizó en Francia. No solo enseñó en nuestra cuatricentenaria universidad. Ejerció la docencia también en universidades del extranjero: Vancouver (Canadá); Liverpool, Oxford (Inglaterra); Bielefeld (Alemania). Su pasión por la investigación lo llevó por diversos países de Europa, América y Asia.

Ostenta los siguientes cargos: presidente del Patronato Nacional de Arqueología, miembro de la Sociedad Americanista (Francia) y miembro de la Sociedad Geográfica de Lima, entre otros. Además, fue congresista de la República el 2000. Solo un año. Igualmente, es miembro fundador de la Legión Mariscal Andrés Avelino Cáceres. Su vida está lleno de reconocimientos académicos. Solo la mezquindad de sus enemigos lo golpeó fuertemente, una vez que dejó de ser congresista, hecho que lo afectaría enormemente, debido a su alta sensibilidad humana.

 
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