Ago 24, 2017

Susana Baca: del Perú para el mundo

Es la cantante peruana más internacional y reconocida. Dos Grammy, cinco estrellas en Amazon y cuatro de cinco en Rolling Stone, forman parte de su palmarés. Ha triunfado en casi todo el mundo, pero aún le faltan las ovaciones del público peruano.

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Susana Baca: del Perú para el mundo

Ni la segregación, ni la pobreza, ni la indiferencia doblegaron el arte y talento de Susana Esther Baca de la Colina, 73 años, mujer, peruana y negra, quien a pesar de los reconocimientos mundiales hasta ahora no logra masificar su música en el Perú, un país diagnosticado con distrofia auditiva crónica.

Ella subirá al escenario del Gran Teatro Nacional descalza, como suele presentarse en todos los escenarios donde realiza sus conciertos. Ella canta sin zapatos y no se resfría. Este 8 y 9 de septiembre ella demostrará por qué se ha convertido en la más internacional y exitosa cantante de la música peruana.

Su historia, antes de llegar a los más selectos escenarios mundiales donde suele presentarse, se  inicia en los tabladillos de concursos infantiles. Sus recuerdos inevitablemente la llevan a la primera vez que participó y ganó una de las dos becas para estudiar música y armonía en el Conservatorio.

La pequeña fue una de las ganadoras y pasada la emoción de los aplausos, Susanita esperó y esperó que la llamaran para recibir el sobre con el premio, pero nunca se lo dieron. Su color oscuro y su pelo apretado, se lo negaron. En ese momento, la carimba le marcó el alma.

Así empezó su camino en la música, a trancazos, con caídas y levantadas, con portazo en la nariz y hasta con episodios de abominable indiferencia. Sus primeros intentos profesionales los hizo musicalizando poemas de Vallejo y Romualdo, en ese entonces nadie prestaba oídos a la morenita menuda que aparecía con un elepé entre sus manos.
 

¿Se ha sentido rechazada?

Claro, claro, claro. Yo iba con mi disco a una radio y no les interesaba, lo escuchaban y lo primero que me decían era “cante otra cosa”. En las radios, los diarios y las disqueras siempre me decían lo mismo.

Paradójicamente, esa música rotulada como “cante otra cosa” por los eruditos musicales que pululan en nuestro medio, fue la que le dio las llaves para ascender a los exclusivos escenarios que ahora pisan sus pies.
 

¿Esa fue su primera revancha ante tanto maltrato?

Claro, eso fue justicia poética. En ese momento recordaba cuando me decían “cante otra cosa”, ja, ja, ja, ja….

Sin embargo, nunca se integró al circuito comercial de los artistas locales…

No pues, y eso es bien raro. En otros lugares del mundo, lo acabo de comprobar en esta última gira en Europa, la gente va a verme, se compran los discos y se agotan las entradas y yo digo de repente no me ha oído en el Perú.

¿Qué cree usted que ha pasado?

No lo sé, en las radios de programas criollos nunca me pasan y en la televisión tampoco. Solo cuando estaba Cecilia (Barraza) me invitaron y me hicieron un homenaje muy hermoso.

¿Se siente marginada en este país?

Que buena pregunta, la verdad que no. Ahora no me siento marginada, pero me he sentido marginada y no quisiera que nadie sienta eso, entonces es como una lucha.

¿El Perú es racista?

Sí, yo siento que sí. Aunque más que racista el Perú es un país excluyente porque cuando se dice racista solo se piensa que segregamos al negro, al indio, al amazónico. No obstante, aquí no se aceptan las diferencias que tenemos, a pesar de que todas son muy buenas y es allí donde precisamente radica nuestra riqueza. Tener esa variedad extensa, es una bendición.

¿Cómo ha logrado abrir las fronteras?

Ha sido un trabajo de horadar la piedra con el agua, dale y dale y dale. Hace pocos días veía en mi concierto en Lisboa, una cantidad enorme de gente disfrutando de mi música y me repetía en silencio: “Lo he logrado, lo he logrado, lo he logrado”.

A los 18 años Susana Baca mujer, negra y peruana, ¿pensó que iba a estar en los escenarios del mundo?

Noooo, ni hablar, pero siempre he sido una terca. He heredado la fuerza de las mujeres de mi familia, que lograban las cosas con mucho tesón y mucho trabajo. Esa fue la herencia que recibí de mi madre.

 

Susana, la maestra

Susana Baca no siempre fue cantante. En sus años juveniles, ella literalmente cruzaba Lima ‒de Chorrillos hasta Chosica‒ para llegar a las aulas de La Cantuta, universidad donde estudió y se graduó de maestra.

Allí conoció la realidad de la educación, la estrechez con que viven los maestros de las escuelas fiscales y peor aún la necesidad de nuestra niñez de contar con alguien que los aliente y estimule a aprender.

A pesar del poco tiempo que laboró como profesora, primero en una escuela unidocente en las alturas de Tarma y luego en un colegio nacional del polvoroso distrito de El Agustino, fue tiempo suficiente para descubrir que su amor por los niños eran tan fuerte como su amor por la música.

¿Qué piensa de la huelga de profesores?

Creo que durante años el Estado ha mirado para otro lado. Los maestros han reclamado sus espacios y nadie los ha escuchado. Sin embargo, también pienso que el maestro que no tiene condiciones mejor que se vaya y deje su plaza para los que realmente quieren trabajar. Hay que estimularlos, pero también hay que seleccionar a los mejores para enviarlos a los rincones más alejados.

Pero si hacemos esa selección, lamentablemente nos vamos a quedar sin maestros, la mayoría no alcanza el nivel óptimo.

Es como una cadena, yo soy maestra y te estoy contando episodios de mi vida. La experiencia me dice que si ganas tan poco, no te puedes comprar una computadora y sin eso, no puedes acceder al internet que te abre las puertas de todo. Hay maestros que sí tienen la vocación y quieren dedicarse a eso, pero con ese sueldo no pueden comprarse nada.

¿Cree usted que esta huelga es justa?

No, yo me pongo en el lugar del maestro, sé que estoy ganando poco, pero frente a los niños yo me diría “no sé qué medidas tomaré, pero no puedo abandonar a estos niños porque yo soy la única ventanita que ellos tienen para mirar el mundo. No podría decirles no vengan a clases porque me voy a la huelga. No podría, de verdad no podría.

Escribe: Pilar Pérez.

< Texto completo en la edición impresa >

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