Sep 26, 2018

Por un referéndum histórico

Sería el mejor regalo al Perú por el Bicentenario de la Independencia, librarlo de dirigentes políticos impresentables y demostrar que esta vez nos valemos de nuestras propias conciencias para defender la democracia

Compartir:
Por un referéndum histórico

Los últimos acontecimientos políticos que tienen como protagonistas directos al pueblo y a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, parecieran vislumbrar que la clase de congresistas, jueces y fiscales que avergüenzan al país estaría en camino a desaparecer o ser reducida a su mínima expresión, al cabo de un proceso que se iniciaría con el referéndum.

Tanto así que los fujimoristas y sus socios alanistas, después de alardear en el recinto congresal con discursos que escupían al cielo, por lo desmemoriados y cínicos, han tenido que recurrir a ambigüedades para decir que sí a la cuestión de confianza planteada por el Poder Ejecutivo, cuando en realidad la seguirán saboteando hasta ver realmente perdida su última esperanza.

Pero, no es por este vaivén  –anécdota dentro de unos días–, que no es seguro que los políticos desclasados dejen pronto de tener el protagonismo negativo que han tenido a lo largo de los últimos 30 años en la vida política del país, sino por la falta de una auténtica reforma política que incluya también a los partidos.

Una primera cuestión al respecto, debería consistir en la reducción de las vallas que la alianza que gobierna el Congreso de la República pretende imponer a nuevas organizaciones políticas para alcanzar su inscripción en el registro del Jurado Nacional de Elecciones, registro que dicho sea de paso, debería pasar a manos de la ONPE en razón de sus funciones y competencias, así como la certificación de firmas debería ser vista por Reniec, por las mismas razones.

Esa reforma a fondo de los partidos políticos debería considerar también la no reelección inmediata de dirigentes y mayores exigencias para los candidatos a los más altos cargos públicos, funcionamiento obligado de escuelas de militantes donde, sin menoscabo de sus sellos particulares establecidos en sus programas y doctrinas o ideologías, se enseñe la realidad nacional y el grave daño que la corrupción le inflige al país, así como un sistema de constatación y sanción que contemple incluso la pérdida del registro, en caso de incumplimiento.

Es decir, una reforma que les permita dejar atrás el culto a la personalidad o el aferrarse a caudillos, y en lugar de que muchos partidos sigan funcionando como trampolines y “vientres de alquiler”, “a tanto” las candidaturas, o dejándolas como herencia a sus hijos, se transformen más bien en verdaderas células de la democracia.

Recordemos que, en algunos casos, los partidos políticos funcionan como socios estratégicos de empresas, institutos y universidades. Se dedican a todo cuanto beneficia a sus mentores, menos a los fines enarbolados en sus estatutos y por lo cual adquirieron personería jurídica y el Estado les entrega fondos públicos.

Haber dejado a los partidos librados al capricho de caudillos y dictadorzuelos, es lo que explica la crisis política del país, pues la responsabilidad en la proliferación de presidentes, congresistas, presidentes regionales y alcaldes corruptos les corresponde por entero.

Son ellos los que en cada proceso electoral proponen candidatos que no dan la talla, obligan al pueblo a escoger entre esas propuestas al “mal menor” y callan, después, cuando los muy esclarecidos acusan al pueblo de no haber sabido elegir.

Se dirá que no todos los partidos están en la misma situación, y tal vez sea verdad, como es verdad que no todos los congresistas y los políticos están envueltos en actos de corrupción; pero, no es sobre las excepciones que se estructuran nuevas leyes y se fortalecen las políticas de Estado.

Ahora que para ira de los corruptos el Perú ha pasado del tipo de gobernante que “roba pero hace obra” al que “gobierna y combate la corrupción”,  el referéndum planteado por el Presidente de la República, Martín Vizcarra Cornejo, para legitimar las modificaciones constitucionales planteadas políticamente por el Poder Ejecutivo, resulta una extraordinaria oportunidad para incluir este punto sobre Democracia y Estado de derecho, referido específicamente a la “Democratización y fortalecimiento del sistema de partidos”.

No basta con remover a todo el Consejo Nacional de la Magistratura y establecer nuevos mecanismos de elección para los nuevos miembros. No basta con exigir la renuncia del actual Fiscal de la Nación, quien, por decir lo menos, carece de los méritos éticos necesarios para desempeñar el cargo. No basta con no reelegir de manera inmediata a los congresistas. Se requiere también que los partidos políticos y sus dirigentes asuman de verdad sus responsabilidades,  como premisa básica para el fortalecimiento del sistema democrático.

De ser así podríamos abrigar la esperanza del surgimiento de nuevos y auténticos liderazgos, que podrían constituirse en armas eficaces contra los caudillos y contra el culto a la personalidad, o, peor aún, a falsas personalidades como muchas de las que llegaron a los más altos cargos públicos para robar y luego ahondar la convulsión de la vida política del país en sus propósitos de obtener impunidad a todo trance.

Sería el mejor regalo al Perú por el Bicentenario de la Independencia, librarlo de dirigentes políticos impresentables y demostrar que esta vez nos valemos de nuestras propias conciencias para defender la democracia como sistema perfectible de convivencia social y para defender también los intereses del Perú desde una posición realmente libre e independiente.

Foto: ANDINA.