Jul 26, 2017

Beca 18: ¿un sistema inestable?

La Columna de José Linares

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omo cualquier programa de asistencia social, Beca 18 afronta retos de gestión. Algunos complejos. Algunos simples. Recuérdese sino las frecuentes críticas que sufrieron en su momento programas alimentarios que, como el Vaso de Leche y similares, fueron calificados de clientelistas y de los cuales se admitió que tenían una filtración de hasta 33 %. De hecho, hasta organismos multilaterales como el Banco Mundial mostraron su preocupación. Sin embargo, con el tiempo las cosas se han ido asentando, aunque, por supuesto, siempre existen marchas y contramarchas.

Beca 18 sufre de marchas y contramarchas. La ejecución tardía del presupuesto 2017 recién en el último trimestre, por ejemplo, no solo afecta a los potenciales beneficiarios de este año, sino a todo el sistema, ya que sofoca también financieramente a aquellos oferentes que descentralizaron su sistema de captación de beneficiarios porque las reglas de juego anteriores y el expediente técnico 2017 se lo permitían antes de los cambios en pleno proceso. 

Visto en cierta forma, Beca 18 es un sistema mixto porque combina esfuerzos e inversiones públicas y privadas. No obstante, por supuesto, no tiene los beneficios, ni las gabelas de las recientes cuestionadas asociaciones público-privadas. El Estado hasta se puede desentender de algunas “obligaciones implícitas”. 

Un cambio de reglas, por ejemplo, puede traer pérdidas concretas a los oferentes. Y esto no es extraño que suceda. Beca 18 ha cambiado las reglas hasta en tres oportunidades en lo que va de esta convocatoria. El oferente entonces tiene que sumar al riesgo implícito de toda actividad empresarial la incertidumbre. El riesgo es bueno. De hecho, alienta la competitividad, pero la incertidumbre la colapsa. 

La incertidumbre no se agota en la macrogestión, sino también en la microgestión, es decir, en las relaciones contractuales que Beca 18 sostiene de manera singular con cada entidad. Esto sucede, por ejemplo, cuando una administración en aplicación de criterios de equidad social suscribe con una entidad oferente de profesiones digitales, compromisos que la obligan a impartir políticas de bilingüismo y luego, como resultado de una nueva administración y de sus nuevas reglas, queda dramáticamente disminuida la cuota nacional de beneficiarios bilingües.

Se sabe a este respecto que regiones con mayor concentración de quechuahablantes, como Huancavelica, Cuzco y Ayacucho, han sufrido una significativa disminución de becarios respecto al año pasado, pero, además, que la carrera preeminente sería Administración de Empresas a costa, por supuesto, de otras carreras. El asunto se agrava para el caso de oferentes de carreras digitales, cuya cuota ha caído en más del 90 % respecto a los dos años precedentes. Irónicamente, esto acontece en el momento en que se viene implementando en zonas alto andinas en el propio sector el uso de la lengua originaria como primera lengua, y el ingreso de la tecnología al Currículo Nacional; asimismo, en el sector privado, la demanda laboral relacionada con la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica.

La Red Dorsal Digital, después de todo, es un megaproyecto de inclusión digital ‒tal como se supone es Beca 18‒ cuyos beneficios emergerán siempre y cuando exista la masa crítica de capital humano suficiente y capaz de estimular su uso productivo. Es decir, no basta con el cableado. De lo contrario, será una cuenta más de las oportunidades perdidas.

Esto nos trae a colación, entonces, la necesidad de mayor coherencia en la inversión pública siendo para ello necesario mantener un enfoque multidisciplinario. Es decir, no se puede por un lado “vestir a un santo” (la implementación de la Red Dorsal Digital) y a la par “desvestir a otro” (reducir el capital humano especializado capaz de ponerlo en marcha) menos cuando las aproximadamente 200 mesas de diálogo, conformadas por comunidades y empresas mineras en zonas altoandinas, vienen trabajando en este mismo momento en la implementación y operación de la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica.

A estas alturas, Beca 18 dejó de ser un programa público que se nutre y se circunscribe exclusivamente a los pareceres u opiniones técnicas del sector. De hecho, si el Ministerio de la Mujer o el Ministerio de Inclusión Social supiese que Beca 18 ‒sin proponérselo‒ ha conseguido revertir ciertos estereotipos profesionales, ya estuviesen abogando por la equidad de género, que se explore la razón por la cual en un período de tres años las alumnas mujeres son amplia mayoría en una carrera de sistemas informáticos en entornos automatizados antes mayoritariamente reservada para hombres. Y, en efecto, esto viene sucediendo en un instituto de educación digital oferente donde la población estudiantil femenina pasó de un 42 % a un 68 % en el 2015 y, a la vez, reducida paradójicamente en este año a la quinta parte.

Sin embargo, por ejemplo, la equidad social (discriminación positiva a favor de los hablantes nativos) y la equidad de género (promoción profesional de la mujer en roles tradicionalmente asignados a hombres) no son los únicos criterios para un buen desempeño del Programa Beca 18. En el mismo nivel de prelación están, por supuesto, la calidad y el precio. 

No obstante, cuando la calidad medida en indicadores oficiales (menores tasas de deserción, mejores desempeños estudiantiles, buen equipamiento e infraestructura), y el costo de matrícula y la demanda laboral local no son suficientes para predecir la mayor o menor asignación de estudiantes, entonces la incertidumbre vuelve a acechar a este sistema. Tampoco cuando hay jóvenes quechuahablantes de ambos sexos que se mantienen en lista de espera para carreras digitales cuya especialidad no existe en sus respectivas localidades, reiteró, como es el caso de Huancavelica, Cuzco y Ayacucho.

 

A estas alturas, Beca 18 dejó de ser un programa público que se nutre y se circunscribe exclusivamente a los pareceres u opiniones técnicas del sector.