Mar 05, 2017

La verdad ante todo

La columna del director

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Nunca antes, como ahora, los tentáculos de la corrupción han quedado tan expuestos ante los ojos de la ciudadanía que asiste con repulsión al penoso espectáculo de una clase política peruana en proceso de descomposición terminal. Numerosos altos funcionarios de, por lo menos, tres de los últimos gobiernos están involucrados en el gigantesco escándalo coimero de la empresa brasileña Odebrecht.

Es cierto que varios políticos peruanos estaban bajo sospecha hace tiempo, mucho antes de que estalle la pestilente bomba brasileña. Es más, la gente murmuraba por calles y avenidas sobre estos personajes, pero pruebas contundentes de su culpabilidad no existían. Quienes estaban sindicados de no caminar derecho, habían sabido esconder sus pecados bajo la alfombra y aparentaban ser personas honorables. Esta máscara está ahora esfumándose con enorme rapidez.

Dicen que la publicación de la lista completa de implicados en el Caso Lava Jato significaría un terremoto de grado 10 para el Perú. Entonces, que tiemble el país de una vez por todas. Así habrá oportunidad de reconstruir todo de nuevo, desde la raíz. No podemos seguir viviendo en un país de mentiras y coimas perpetuas, donde siempre los más vivos se llevan la mejor tajada y amasan enormes fortunas, mientras la gente pobre sigue muriéndo de hambre y frío en los Andes o en los barrios marginales de la propia capital. ¡Basta ya!

No nos engañemos, el mal de la corrupción que carcome al país no es nuevo. Algunos pretenden hacernos creer que la corrupción nació y terminó con el gobierno de Alberto Fujimori. Nada más falso. ¿Y el escándalo de los bonos de la independencia en el gobierno de Echenique? ¿Y la cutra en la construcción del Ferrocarril Central? ¿Y la estafa del guano? ¿Y los robos en la reconstrucción del Callejón de Huaylas durante el gobierno militar de Juan Velasco? Estos son solo algunos casos. Faltan muchísimos más.

La verdad es que la República se levantó sobre la arena movediza de una colonia plagada de vicios y males sociales. El país nació con instituciones tan débiles que, desde la propia emancipación, fueron manejados a su antojo por grupos o personajes en busca del provecho personal. El libro Historia de la corrupción en el Perú del historiador Alfonso W. Quiroz es una sinopsis descarnada de la podredumbre que imperó en numerosos pasajes de los albores republicanos. ¡Cuántas fortunas familiares son producto de esas épocas de latrocinio al por mayor!

Con los años, el Perú no maduró. Al contrario, la componenda, la coima, el arreglo por debajo de la mesa y otras formas de corrupción, se institucionalizaron hasta formar parte de la subcultura nacional.  En efecto, no solo se puede llamar corrupción al robo de grandes cantidades de dinero. Hay otros modos de corrupción que son tan imperceptibles que ya forman parte de la cotidianidad de los peruanos. ¿O no es corrupción 

Lamentablemente, no solo la clase política o los técnicos de alto nivel están comprometidos en el actual Caso Lava Jato. Como ocurrió en la década fujimorista, han surgido los nombres de personajes mediáticos que fungían de líderes de opinión y estaban ocupando cargos periodísticos, aunque muchos de ellos no procedían de las canteras de los hombres y mujeres de prensa. De ese modo, por causa indirecta, se podría decir, se ahonda la crisis de credibilidad del periodismo en el Perú.

Por eso, es hora de reconstruir el país desde los propios cimientos. Aprovechar el tremendo sismo político, social y económico que se avecina. Es momento de demostrar que, al igual que el cuerpo humano desarrolla su sistema inmunológico para combatir los virus que lo atacan, el sistema democrático puede y debe reaccionar en defensa propia, pues corre el riesgo de sucumbir a las fuerzas totalitarias de derecha o de extrema izquierda que siempre representan una amenaza. 

Es en estas circunstancias, tan apremiantes para el país y para el periodismo, salimos a circulación. A partir de hoy y cada domingo, asumimos el reto periodístico de convertirnos en una alternativa veraz, seria y responsable, que todo buen periodismo debe significar.

Sucesos no solo será una publicación impresa que cualquier buen lector puede disfrutar, sino que va más allá. Para el equipo profesional no es extraño usar las nuevas tecnologías de la comunicación y, por eso, nos comprometemos a difundir el contenido ágil de nuestro semanario a través de las redes sociales, pero respetando siempre los principios del periodismo.

De arranque queremos ser claros. Sucesos no responde a ningún poder fáctico, no tiene vínculos con grupos empresariales, políticos o cualquier otro interés soterrado. Se trata simplemente de un grupo de periodistas que reúne su experiencia profesional y sus recursos para emprender el sendero que muchos medios han dejado de transitar: el del verdadero periodismo que se debe a su público.

“La verdad ante todo”, es el lema que nos anima y que defenderemos con gran profesionalismo desde la primera edición. El camino es largo, espinoso y costará mucho esfuerzo. Lo sabemos, pero estamos dispuestos a afrontar el reto. Ese es nuestro compromiso.

El director